Cuando escuchas al caballo, escuchas el presente, ese instante que no tiene principio ni fin porque es cambio, es movimiento, en definitiva es vida, y la vida es dinámica por ser vida.

La mente y el cuerpo del caballo están en el presente, ahora, soy así, ahora, estoy tenso, ahora, estoy relajado, ahora, tengo dolor, ahora, yo estoy contigo, ahora.

No me importa qué pasó en el tiempo anterior, porque lo que realmente es importante para mí es este instante en el que nos encontramos. Tampoco creo que en tu mente y en tu corazón permanezca aquello que sucedió, por lo que no creo que lo puedas comunicar como un simple suceso. Si creo profundamente que aquello dejó una huella en ti, en tu cuerpo, en tu tejido y en tu emoción, y es ahí donde quiero estar contigo para, desde este momento presente, acompañarte para liberar el nudo, desenrollando el tejido y dirigiendo las fuerzas que aquel día te dañaron para que sigan el mismo camino por el que entraron en ti, pero en sentido contrario, liberando la tensión que causaron.

 

Y en nuestros instantes se crea nuestra complicidad, nuestro vínculo y nuestra conexión, esa que es sólo tuya y mía, y que compartimos con una mirada

 Antes de que mis manos te toquen, sabes que ya te he tocado, y por eso a veces suspiras antes del primer contactoUna simple mano puesta sobre tu piel y es tanto lo que se mueve dentro de ti. Si esa mano además está cargada de amor, de respeto y de admiración, el instante será mágico y soñaremos con él, porque dentro de mí también todo se habrá movido.

La palpación del instante presente es la palpación de la dinamia de la vida que se expresa en el movimiento producido por la fluctuación de fluidos. El sistema de fluidos expresa la cualidad y la potencia de los recursos inherentes al cuerpo sobre los que se construye la salud. No sólo trabajamos con el componente fluido del líquido cefalorraquídeo o cerebroespinal, de forma más inmediata y la mayoría de las veces sin darnos cuenta, trabajamos con un fluido viscoso y elástico que compone las fascias. Una leve presión sobre el cuerpo del caballo nos permite comenzar el diálogo sutil con el sistema del impulso de fluidos. De forma suave, sin demasiada presión, nuestras manos, más aún si están entrenadas para ello, se convierten en nuestras antenas o receptores de información.

Las fascias, en un estado de salud, se deslizan con un movimiento suave sobre el tejido que recubren o entre ellas mismas, tapizando cada órgano, cada estructura y cada músculo, en un sistema continuo que conecta todo el organismo, semejante al sistema de meridianos que recorre el cuerpo según la medicina tradicional china.

Aquellos sucesos del pasado de los que hablábamos, que ni la mente ni el corazón del caballo recuerdan, quedan inevitablemente marcados en el tejido fascial, que al tener unas propiedades físicas específicas de un coloide bañado por un medio líquido, retienen en su interior los cambios producidos por las agresiones físicas y emocionales de aquel tiempo, a modo de memoria del tejido, mostrando restricciones y tensiones en su estructura mucho tiempo después de la agresión que lo originó.

Las cadenas del tejido fascial, de comunicación y transmisión de movimiento, de esta forma se convierten en cadenas transmisoras de la lesión que causó la restricción del mismo, por lo que podemos hallar en nuestra palpación puntos de tensión muy alejados al foco originario de la lesión.

Esas propiedades físicas específicas del coloide sumergido en un medio líquido, confieren al sistema fascial una peculiaridad que debemos tener en cuenta a la hora de nuestra palpación, y es que ofrece una resistencia proporcional a la velocidad con que se aplica la fuerza o presión de nuestro tacto. ¿Y esto qué significa? Pues que nuestro acercamiento al sistema de fascias debe ser lento, melódico, con ritmo suave y fluido, como una insinuación al tejido al que invitamos a moverse debajo de nuestras manos, al que acompañamos en calma, confiando, sin expectativas y sin juicio de valoración, dejándonos llevar por el movimiento del cuerpo, con atención y presencia.

 

Y como siempre cuando mis manos se alejan de tu cuerpo me pregunto ¿quién es el paciente y quién el terapeuta?

“La vida tiene otro color con un caballo a tu lado”