CAMINO HACIA LA CONEXIÓN CON MI CABALLO

 

Todos nosotros desarrollamos una conexión con nuestros caballos, es un hilo mágico que nos une a ellos.  Algunos podemos vivirla de una forma más consciente y presente, y en otros la consciencia de la conexión será más presente en el caballo que en ellos mismos. Despertar a esta conexión es algo maravilloso que nos hace vibrar y agudizar nuestros sentidos.

 

La conexión no se fuerza, no se impone y no se obliga, se crea

 

 

La relación se va afianzando en cada instante que pasamos juntos, desde el respeto mutuo, como un juego sutil en el que nos vamos ganando la confianza, el uno la del otro.

Cada momento es el mejor, porque ese es el momento, de trabajar la relación con nuestro caballo. Desde nuestro encuentro o nuestra llegada a él, detente unos instantes para observar y para observarte. Muchas veces llegamos acelerados y con prisas porque venimos de nuestro mundo, pero estamos entrando en su mundo, y a veces lo hacemos de esta forma atropellada y un tanto grosera. Por eso, para-te, y siente-te, respira y echa una ojeada a cómo vas por ahí dentro. Tal vez una o dos respiraciones de conexión contigo mismo sean suficientes para cambiar toda la escena.

 

¿Has observado qué hace el caballo cuando te ve llegar? Si está en un espacio abierto, y quiere estar contigo, él te ha visto desde mucho antes de que tú te des cuenta de dónde está él. Pero por unos instantes sigue pastando o haciendo lo que estuviera haciendo. Luego de forma muy pausada, levanta su cabeza, te mira y parece que decide ir hacia ti. Comienza a caminar, tranquilamente, y se dirige hacia ti, pero puede ser que en el camino se detenga varias veces, a oler algo que le ha parecido interesante, a ir al baño, porque en cualquier momento pueden entrarle ganas, o a relacionarse con algún otro miembro que se haya encontrado por el camino y decida saludarle. Y todo esto lo puede hacer de la forma más tranquila y pausada que te puedas imaginar. Y como he señalado, en el caso de que quiera estar contigo y se acerque a recibirte, porque ya tienes con él alguna conexión y confianza mutua. Respira su tranquilidad y que te invada durante esos instantes, hazte un poco caballo, y respeta los tiempos.

Después de nuestro encuentro, cada día es diferente. No conviene jugar siempre a lo mismo, nos aburriríamos los dos. Ni que todos los días hiciéramos las mismas cosas, qué rollo, para ellos y para nosotros. Imaginación al poder. Pero siempre recordando este halo de paz y tranquilidad tanto interna como externa en el que nos movemos.

Algunos días podemos simplemente acicalarlo, cepillarlo, peinarlo y pasar así el tiempo que estemos junto a él. Mientras estés en esta labor de aseo, mantén tu respiración calmada y haz los movimientos desde tu yo más profundo, aceptando y agradeciendo cada instante. Tal vez tú suspires…y tu caballo te siga con un suspiro. Ahí vamos bien, te está diciendo que se está relajando, que está confiado a tu lado y que se siente bien.

Usa tus manos para crear conexión. Puedes comenzar con unos ligeros pases por el cuello e ir avanzando por el resto del cuerpo. Siempre observa las respuestas del caballo. Como en las personas, hay caballos que no les gusta mucho que les toquen. Yo estoy segura de que esto ocurre porque han tenido malas experiencias con los humanos, y cuando les das la oportunidad para comprobar que pueden confiar en ti, se hacen unos verdaderos adictos a tus masajes. Siente en tus manos su textura, su temperatura y el movimiento del tejido bajo ellas, y siempre observa qué te dice tu caballo. Algunos comienzan a mascar cuando se sienten liberados de alguna tensión, otros cierran los ojos, suspiran o bostezan. Si pasas por alguna zona de dolor, su respuesta será ponerse tenso, retirarse, espasmos o incluso sueltan una coz o mordisco. Por esto, siempre debemos estar atentos a todas sus respuestas.

Otros días podemos trabajar en algún juego de refuerzo positivo. No repitas el mismo juego durante mucho tiempo porque acabará aburriéndose. Pequeños juegos de corta duración mantendrán su atención durante más tiempo.

Dar un paseo es una actividad que desarrolla la confianza de nuestros caballos, en ellos mismos y en nosotros. Si nunca lo hemos hecho, es mejor que empecemos por recorrer pequeñas distancias y mejor por lugares conocidos por el caballo. Es normal que el caballo, cuando se aleje de otros caballos con los que posiblemente esté hermanado, o cuando se aleje de su zona conocida en general, se encuentre un poco nervioso. En ese momento, nosotros debemos también realizar un trabajo interior de calma y tranquilidad, ofreciendo a nuestro caballo la seguridad que está buscando. Si se pone nervioso, da un respingo o se altera, es contraproducente ponernos nosotros más nerviosos o castigar sus actos. Sabemos que el caballo es un animal de manada, huidizo y asustadizo. Lo mejor es mostrar seguridad y calma para que él se relaje y cada vez disfrute más de estos paseos.

 

En otros encuentros podemos no hacer nada, simplemente estar, observar y sentir. Introdúcete en su manada, muy poco a poco, de forma lenta y pausada, y siéntate a observar. Puedes caminar y haciéndote la interesante, tocar con la mano algunos palitos o hierbas del suelo. Tal vez, sea tu caballo o sus compañeros los que decidan acercarse a ver qué es eso tan interesante que has encontrado. Juega a alejarte y a acercarte, siempre despacio, y sin molestar, agradece por el momento que te han brindado, y vete con la sensación más fresca y renovada que puedas imaginar.

“La vida tiene otro color con un caballo a tu lado”