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LA HISTORIA DE ÍTACA

Bienvenida Ítaca

Dicen que las casualidades no existen

En el mes de febrero de 2015 llegó a nuestros oídos que 9 potros junto a sus madres se encontraban en un estado lamentable ya que la persona propietaria, por razones que no conozco con exactitud y que no pretendo enjuiciar, tenía todos estos animales en una finca, sin prácticamente alimento ni cuidados. Había un hombre mayor, pastor del pueblo, que se encargaba de llevar a estos caballos algo de paja al día. Pero la paja también era escasa y no había suficiente para alimentar a todos, todos los días.

Una amiga de la hípica en la que tenía mi caballo mayor, no podía soportar la situación en la que se encontraban esos animales, decidió hacerse cargo de los potros y llegó a un acuerdo con el dueño para pagar por ellos el precio que le iban a dar si los llevaba al matadero. Y así lo hizo.

Todo fue muy rápido, había que sacar a esos potros de allí cuanto antes porque su vida corría un serio peligro. Organizó todo para ir con un veterinario y varios transportes, recoger a los potros y llevarlos a una finca en Guadarrama, de la que se encargaba, y encarga, un reconocido jinete de raid.

Muy pocos días antes del día fijado para el traslado, me llamó por teléfono muy asustada, porque había ido a ver a los potros y se había encontrado con uno de ellos en el suelo, no podía levantarse, y ella necesitaba ayuda. Dejé todo y me fui hacia la finca lo más rápido posible, encontrándome al llegar una imagen que nunca se me podrá olvidar.

Era una de las hermanas de Ítaca la que estaba tumbada en el suelo. Hacía un frío terrible, las montañas estaban nevadas, y habían dado aviso de que se había visto lobos por la zona. Lo primero que pensé fue en que necesitaba darle calor y comencé a darle friegas con un poco de paja, busqué en el coche alguna manta, y como llevaba algo de suero en el coche, le inyecté algunas “mochilas de suero subcutáneo”, sabía que eso para un caballo era como si nada, pero era lo único que podía hacer.

Pero lo bueno fue, que al acercarme a la potrita, vi una luz en sus ojos que no se ve en los animales que se van a marchar, y le dije a mi amiga que había posibilidades porque dentro de esa pequeña había mucha vida. Llamamos a un veterinario que vino rápidamente y le pudo poner suero intravenoso, y el jinete de Guadarrama, que tenía un camión de transporte, se la llevó a uno de los hospitales veterinarios de Madrid. Llegó, claro que llegó, y no sólo eso, sino que luchó durante muchos meses por recuperarse y vivir. 

Creo que estuvo ingresada casi un año hasta que se pudo recuperar. Las imágenes del hospital son muy duras y no las voy a poner aquí. Porque la potra era un saquito de huesos, literalmente. Y los puntos de apoyo se ulceraron y tardaron mucho en regenerarse del todo.

Esta imagen es del día anterior al día en que se quedó tumbada. Un saquito de huesos. Por eso corría tanta prisa sacar a esos animales de allí cuanto antes.

El día del traslado, llegamos muy temprano, entramos en la finca, cogimos los potros, separándolos de sus madres de la forma más dura que nos podamos imaginar – a ellas no nos las podíamos llevar porque el dueño no las vendía -y nos los llevamos de aquel paraje del horror para comenzar sus nuevas vidas.

Otro de los hermanos de Ítaca, al llegar a su nueva casa, también mostraba una debilidad extrema. Se quedo tumbado, igual que su hermana, y también se lo llevaron al hospital, pero al contrario que su hermana, él no pudo sobrevivir 🙁
Hasta aquí, Ítaca había pasado más desapercibida que sus dos hermanos tan enfermos. Era una de las más pequeñas, estaba tan delgada como sus hermanos, y caminaba con una debilidad extrema. Nunca he visto caminar a un potro con tanta falta de vitalidad, tan despacio, como si en cada paso tuviera que poner toda su intención y su energía para llevar su cuerpo hacia delante. Desde el día en que la conocimos en la finca del horror, no se separaba de una de sus hermanas, tan pequeña como ella, y con la misma fatiga vital que todos ellos. Al trasladarlas a su nuevo hogar, continuaron siempre juntas, sin separarse en ningún momento, una parecía la sombra de la otra. Caminaban descubriendo su nueva casa, sin dar un paso más largo que otro, sin mostrar ningún interés por nada, tan propio de los potros. Con un aura de tristeza que empañaba sus ojos y parecía extenderse por todo el cuerpo. Así pudieron vivir durante unos meses, juntas, recuperándose, comenzando a mostrar un ligerísimo interés por la vida.
Mi amiga, al ver a todos “sus niños” fuera de peligro y con posibilidad de recuperarse y empezar a vivir como se merecían, comenzó a sonreír de nuevo y a mostrarse más tranquila y contenta. Como ella es especialista en doma natural, empezó a realizar unos primeros contactos con ellos, jugando y mostrándoles un lado humano desconocido para ellos.

Buscó una familia para cada uno de ellos, personas comprometidas que estuvieran dispuestas a recuperarlos físicamente y a darles todo el amor que pudieran.

Gracias Ítaca, porque me has dado la oportunidad de aprender todo aquello que creía que ya sabía

Marga

Algunos de los hermanos de Ítaca

5030

Tenía 5 años cuando fue rescatado. Vive con su familia en Francia

Ákrata

Después de un año ingresada en el hospital, vive feliz en el campo

Alisha

Siempre junto a Ítaca. Murió en Francia podo después de su traslado

Afhir

Murió a consecuencia de las heridas producidas en el rescate. Lo intentamos todo

El pequeño

Murió en Madrid debido a su extrema debilidad

Farouk

Se quedó en una finca en Madrid, donde se recuperó. Al año, un criador de su raza se lo llevó. Algún día sabremos más de él

Aprendiendo con Ítaca

-Un potro viene sin manual de instruccioneS-

 

Todo lo que creía que sabía de caballos, no sólo por los estudios de veterinaria, sino por los más de 30 años tratando con ellos, montando, dando clases, pasando tiempo y más tiempo entre ellos, se vino abajo. Todo ese conocimiento se ponía a prueba, y tuve que reestructurar mi cabeza completamente. Leer libros y más libros, contactar con educadores, domadores y profesores. Nada funcionaba con ella, seguía enfadada con el mundo. Un educador me llegó a decir que tenía un “alma salvaje” dentro de ella a la que era imposible acceder.

 

¡ Respira hondo Marga y sigue tu intuición – y así – todo comenzó a funcionar !

-educando con refuerzo positivo-

 

El refuerzo positivo es una forma de aprendizaje que me ha permitido contactar con el “alma salvaje” de Ítaca. No se trata de hacer trucos, de crear robots, se trata de COMUNICACIÓN. Después de trabajar con este método con mi perra durante varios años, me planteé utilizarlo con Ítaca. Muchas personas me lo desaconsejaron, “porque crea ansiedad, porque los caballos muerden, porque estás creando robots”.  Nada de eso ha sido cierto en nuestro caso. Ha sido la única forma en que he podido decirle – eso, eso es lo que te pedía – con amabilidad, permitiéndola elegir entre diferentes opciones, y siempre con respeto y sobre todo mucho cariño y amor hacia ella.

Jugando y divirtiéndonos, estamos construyendo una relación apasionante entre nosotras. Te animo a que lo pruebes con tu caballo y disfrutes tanto como yo lo hago cuando entreno con ella.

Aprendiendo a poner sus manos sobre una “marca”, que también llamamos caja o “box”, además de hacer que ella se encuentre segura y confiada, es de gran ayuda cuando realizamos tareas de limpieza, cepillado o cuando queremos que permanezca en algún lugar.

Para ella es un reto y se lo toma como tal, le encanta el desafío y aprender nuevas cosas.

Existen estudios que demuestran que el estrés en los caballos disminuye cuando realizan ejercicios con refuerzo positivo.